Asesoría a Padres

Tareas para desarrollar la autonomía en nuestros hijos

No existe una regla mágica que confirme que a determinados años se tienen que realizar ciertas tareas. Depende de muchas variables: maduración del niño, conocimientos, educación de los padres, entorno en el que vive, si es hijo único, el menor de varios hermanos…

 

El problema, según los expertos, es que los padres apenas exigen tareas a sus hijos ni a edades tempranas ni en la adolescencia. Las razones suelen ser las mismas. «Algunas familias consideran que sus hijos son demasiado pequeños para desarrollar tal o cual labor (que podrían hacer perfectamente como, por ejemplo, vestirse para ir al cole con 5 años) —asegura a ABC Sira Martín, psicopedagoga de Imaginarium—. Al hablar con padres de adolescentes y plantear qué responsabilidades tienen los hijos en casa, la respuesta suele ser «cero» o, como mucho, tirar la basura o pasear al perro. Es decir; nada de autonomía personal respecto a su ropa, cuarto, etc., y menos aún respecto a la contribución familiar de ayudar a hacer la compra, la cena, lavar el coche, etc.».

 

Autonomía personal

Esta experta apunta que para lograr que un niño sea responsable hay que proporcionarle autonomía personal. Esto es, favorecer que haga por él mismo lo que es capaz de hacer en cada momento. Cuando son pequeñitos evidentemente son tareas muy sencillas y no hay que exigir que las hagan perfectas. «Por ejemplo, si con 1-2 años empiezan a comer solos con la cuchara es normal que derramen comida. Conforme van creciendo, sus responsabilidades también han de ir aumentando. Un niño de Primaria debería preparar su mochila del colegio, aunque la supervisen los padres».

 

Sin embargo, es muy habitual que los padres hagan por los niños lo que podrían hacer ellos solos para, de este modo, hacerlo más rápido y mejor. «La cuestión es que en muchas ocasiones ni siquiera se plantean que el hijo es capaz de hacer una determinada tarea. Considero —prosigue Martín— que a los hijos no se les ofrece ese espacio, tiempo y confianza para que hagan aquello de lo que son capaces. Por ello, los niños y adolescentes desconocen su nivel de autoeficacia en múltiples tareas, destrezas y habilidades porque sus padres no les han dado la oportunidad de probarse así mismos».

 

Según su etapa de desarrollo, a los niños se les pueden exigir las siguientes responsabilidades:

 

ENTRE DOS Y TRES AÑOS

Las tareas que realice siempre deben estar bajo el control del adulto. Los pequeños aún no comprenden lo que hacen bien o mal y actúan de acuerdo a mandatos y prohibiciones porque no poseen autocontrol. Colaboran con el adulto en ordenar y guardar sus juguetes, zapatillas, pijama, regar flores y en algunas tareas concretas como poner y/o recoger las servilletas, etc.

 

ENTRE TRES Y CUATRO AÑOS

A estas edades el niños observa la conducta del adulto, la imita y actúa en función del premio o castigo que pueda recibir. Ya va siendo capaz de controlarse y puede tener orden en sus cosas. Colabora en guardar juguetes y los debe recoger. Puede poner algunas cosas fáciles en la mesa como el plato y los cubiertos, etc. Se desnuda solo y se viste con ayuda. Aprende a compartir las cosas y a esperar su turno. Muestra interés creciente por jugar con otros niños.

 

ENTRE CUATRO Y CINCO AÑOS

Sigue observando e imitando al adulto. Necesita que le guíen pero tiene deseos de agradar y servir y, por eso, suele tener iniciativas responsables como vestirse, recoger sus juguetes, controlarse en un espectáculo, etc. Ya se le puede asignar alguna responsabilidad: poner la mesa, control de algún animal, hacer algún recado dentro del entorno familiar. Puede cuidar a hermanos más pequeños durante breves tiempos y con la presencia cercana del adulto. Debe dejar ordenados los objetos que usa.

 

Es bastante autónomo en la comida y en su cuidado personal calzarse, lavarse e ir al baño. Acepta los turnos en el juego, aunque no siempre los respeta. Suele asociarse a dos o tres niños para jugar y entabla las primeras amistades.

 

ENTRE CINCO Y SEIS AÑOS

Ya ha aprendido bastantes conductas y aunque necesita que la persona adulta le señale lo que debe o no debe hacer, conviene presentarle posibilidades para elegir entre dos opciones. Puede ser responsable de tareas domésticas sencillas: limpiar el polvo, recoger la mesa, preparar su ropa para vestirse, buscar lo que necesita para una actividad concreta. No hay que olvidar que el niño sigue imitando y que es exigente en la aplicación de la norma para todos.

 

Le agrada ayudar y cumplir encargos y recados sin que, para ello, deba cruzar la calle o lugar peligroso. Juega en grupos de tres o más y sigue reglas sencillas. Intenta ser autónomo y puede rebelarse frente a las presiones de los adultos en asuntos como disciplina autoridad y normas sociales. A partir de los cinco años comienza a despertar la intencionalidad, asimila algunas normas y se comporta desacuerdo con ellas.

EN EL PERIODO DE SEIS A SIETE AÑOS

Con control y ayuda para evitar descuidos involuntarios, puede y debe prepararse los materiales para realizar una actividad. Comienza a ser capaz de controlarse en desplazamientos muy conocidos y próximos tales como el colegio, casa de amigos que vivan en el mismo bloque de viviendas, casa de algunos familiares, etc.

 

Puede controlar algún dinero semanal y aprender a administrarlo, sabiendo que, si lo gasta, deberá esperar a la semana siguiente para recibir una nueva paga. Todavía se guía por las normas y hábitos del adulto; se identifica el bien con lo mandado y el mal con la prohibición o el enfado.

 

 

ENTRE LOS OCHO Y NUEVE AÑOS

Cumple las órdenes al pie de la letra; generalmente hasta los ocho años.

Puede controlar sus gastos con más facilidad. Tiende a formar grupos de relación con compañeros del mismo sexo. Aprende costumbres sociales relacionadas con el saludo, la despedida, el agradecimiento, etc. Actúa de forma responsable si se le ofrecen oportunidades para ello. Tiene el deseo de ser bueno y, si no lo es, culpa a los demás o a las circunstancias porque no soporta que le consideren malo.

Va adquiriendo la noción de justicia y comprende las normas morales mediante ejemplos concretos.

 

Comienza la autonomía personal y puede controlar sus impulsos, en función de sus intenciones. Es capaz de organizarse en la distribución del tiempo, del dinero y de los juegos. Todavía precisa alguna supervisión. Pueden dársele responsabilidades diarias: preparar el desayuno, bañarse, etc.

 

Empieza a independizar la voluntad del adulto respecto a la norma y es consecuente en su conducta. Sabe cuándo y cómo debe obrar en situaciones habituales de su vida. La actuación de las personas adultas es decisiva dado que si persiste una presión autoritaria el niño se hace dependiente, sumiso y falto de iniciativa. Si, por el contrario, se obra de forma permisiva, el niño se convertirá en una persona caprichosa e irresponsable. Así pues, se hace imprescindible una actitud que favorezca la iniciativa y mantiene la exigencia.

 

Le atrae el juego colectivo y coopera en grupo. Es capaz de prever las consecuencias de sus actos.

 

ENTRE LOS NUEVE Y LOS ONCE AÑOS

Ya es bastante autónomo en sus intenciones y, por lo tanto, en su responsabilidad. Suele tener una organización propia para sus materiales, ropas, ahorros… Puede encargarse de alguna tarea doméstica y debe realizarla con responsabilidad y cierta perfección. Le gusta que se le recompense por la tarea que se le encomienda.

Aunque aparezcan rasgos de dependencia, le gusta tomar decisiones y oponerse al adulto con cierta rigidez. Es capaz de elegir con criterios personales. Se hace estricto, exigente y riguroso.

 

Se identifica con su grupo de amigos en el que cada uno tiene una función asignada y se acata lo que dicta el jefe de la pandilla.

Reconoce lo que hace mal, pero siempre busca excusas, aunque para los demás suele ser muy estricto. Le gusta que le dejen decidir por sí mismo y tiene necesidad de afianzar su yo frente a los demás, de ahí su resistencia a obedecer y su afán de mandar a otros niños menores. Conoce sus posibilidades, decide y reflexiona antes de obrar, aprende de las consecuencias y se siente atraído por los valores morales de justicia, igualdad, sinceridad, bondad, etc.

 

ENTRE ONCE Y DOCE AÑOS

La influencia de los amigos comienza a ser decisiva y su conducta estará influenciada en gran parte por el comportamiento que observa en sus amigos y amigas o compañeros de clase. Los hermanos y hermanas mayores tienen más influencia sobre ellos que los padres. Aparece una etapa en la que la crítica suele ser muy frecuente y dirigida hacia sus padres y profesores; no le gusta que le traten de un modo autoritario, como a un niño; reclama autonomía en todas sus decisiones.

Necesita tener amigos y depositar en ellos su intimidad; es leal al grupo y su moral es la de sus iguales, a los que imita en la forma de vestir, en los juegos, las aficiones, etc. Quiere ser como los mayores. Tiene sentido de responsabilidad y trata de cumplir sus obligaciones y se hace más flexible en sus juicios. Su comportamiento es mejor fuera del entorno familiar. Tiene capacidad para valorar lo bueno o malo de sus acciones, puede pensar en las consecuencias, conoce con bastante objetividad sus intenciones y desea obrar por su propia iniciativa, aunque se equivoque.

 

Articulo de: ABC –Familia publicado el 13/01/2015. www.abc.es